¿Cómo gerenciar en tiempos convulsos? Decidir cuando la incertidumbre es la norma.

 

Gerenciar en tiempos convulsos ya no es una excepción, se ha convertido en la norma. La incertidumbre permanente, la presión social y la escasez de recursos nos obliga a repensar cómo decidimos, lideramos y planificamos. En este Hablemos de… reflexionamos sobre la gestión en contextos complejos, donde seguimos apostando a que la ética, la lectura del entorno y la flexibilidad estratégica son claves para sostener decisiones estratégicas acertadas.

 

Desde hace algunos años venimos constatando que la gerencia ya no se ejerce en escenarios estables ni previsibles. Aquello que antes llamábamos crisis se ha ido integrando en la vida cotidiana de las organizaciones, los proyectos y las instituciones. Cambios acelerados, tensiones sociales, restricciones de recursos y demandas crecientes forman hoy parte del contexto habitual en el que se toman decisiones.

En este nuevo escenario, gestionar ya no consiste únicamente en planificar con antelación o aplicar modelos predefinidos. Decidir implica hacerlo con información incompleta, bajo presión y asumiendo que el entorno puede cambiar en cualquier momento. Por eso, cada vez más, reflexionamos sobre la necesidad de una gerencia capaz de leer el contexto, interpretar señales y actuar con criterio en medio de la complejidad.

Gerenciar en tiempos convulsos supone aceptar que la incertidumbre no es una etapa transitoria, sino una condición permanente. La toma de decisiones ocurre en medio de cambios rápidos, recursos limitados y expectativas sociales elevadas y, donde el impacto humano de cada acción es cada vez más visible. En este marco, liderar deja de ser un ejercicio puramente técnico para convertirse en una práctica profundamente ética y situada.

Uno de los principales desafíos de estos contextos es la tentación de la parálisis o de la reacción inmediata. Ante la incertidumbre, algunas organizaciones optan por no decidir (esperar), esperando que el escenario se aclare. Otras responden de manera impulsiva, copiando soluciones externas o aplicando medidas descontextualizadas. Ambas respuestas suelen generar más fragilidad: la primera inmoviliza, la segunda profundiza errores y debilita la confianza.

 

 

Los períodos convulsos se caracterizan, además, por una presión constante sobre quienes toman decisiones. Las expectativas son altas, los márgenes de error se reducen y las consecuencias de cada acción se amplifican. Esto ocurre tanto en la gestión pública como en organizaciones sociales, académicas y empresariales. Decidir ya no es solo una cuestión de eficiencia o resultados, sino de responsabilidad frente a personas, comunidades y territorios.

En este escenario, la gerencia necesita repensarse desde nuevas claves. Una de ellas es la lectura de contexto. Comprender el entorno social, político y económico, así como las dinámicas internas de los equipos y las comunidades con las que se trabaja, se vuelve tan importante como el análisis financiero o normativo. Sin un diagnóstico situado, las decisiones difícilmente serán sostenibles en el tiempo.

Otra clave fundamental es la flexibilidad estratégica. Gerenciar en tiempos convulsos no significa improvisar, sino diseñar estrategias capaces de adaptarse, revisarse y ajustarse de manera continua. Los planes rígidos tienden a fracasar cuando la realidad cambia más rápido que su implementación. En cambio, los enfoques flexibles permiten aprender del proceso, corregir el rumbo y mantener la coherencia sin perder el sentido.

La escucha activa ocupa también un lugar central. En contextos complejos, las decisiones no pueden construirse desde una lógica vertical y aislada. Incorporar las voces de los equipos, de los actores sociales y de los territorios no solo mejora la calidad de las decisiones, sino que fortalece su legitimidad y sostenibilidad. Escuchar no debilita el liderazgo; lo humaniza y lo hace más efectivo.

Asimismo, la ética y la coherencia adquieren un peso especial. Cuando los recursos son escasos y las tensiones aumentan, las decisiones revelan con claridad los valores que orientan a una organización. Gerenciar en crisis implica priorizar con criterios claros, asumir responsabilidades y sostener la coherencia entre el discurso y la acción, incluso cuando el costo es alto o las soluciones no son inmediatas.

Finalmente, es importante reconocer que liderar en tiempos convulsos no significa tener todas las respuestas. Implica aceptar la incertidumbre como parte del proceso, comunicar con honestidad, generar confianza y construir sentido colectivo frente a escenarios inciertos. La gerencia deja de ser un ejercicio de control absoluto para convertirse en un proceso de orientación, acompañamiento y aprendizaje continuo.

En definitiva, gerenciar cuando la incertidumbre es la norma exige una mirada más integral, humana y contextualizada. No se trata solo de resistir la crisis, sino de desarrollar capacidades para actuar con criterio, responsabilidad y flexibilidad en medio de la complejidad. Porque, en tiempos convulsos, decidir sigue siendo inevitable, y hacerlo desde una gerencia consciente puede marcar la diferencia entre la fragilidad y la posibilidad de transformación.

Equipo Directivo de Asesórate