Migración, cohesión social y desarrollo: Una oportunidad
La migración es un fenómeno inherente a la historia de la humanidad, que ha modelado culturas, economías y estructuras políticas. España, como otros países europeos, ha sido históricamente tanto emisora como receptora de migración. En las últimas décadas, la llegada de personas migrantes ha impulsado importantes transformaciones sociales y económicas.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 los residentes extranjeros representaban el 16,6 % de la población, desempeñando un papel clave en el sostenimiento del mercado laboral y del sistema de pensiones. La OCDE (2025) indica que más del 25 % del crecimiento del empleo en los últimos dos años fue generado por población migrante, especialmente en sectores como hostelería, cuidados, construcción y agricultura. Desde 2022, el 45 % de los nuevos empleos fueron ocupados por migrantes, contribuyendo a un crecimiento económico del 3 % en 2024, muy por encima del promedio de la eurozona. El Banco de España ha señalado qué sin esta contribución, el crecimiento poblacional se habría estancado y el sistema de bienestar sería insostenible.
Este panorama refuerza la necesidad de situar las políticas migratorias como eje estratégico, no solo como respuesta a coyunturas de emergencia, sino como herramienta de planificación orientada al desarrollo económico, la cohesión social y la sostenibilidad democrática.
Algunos países han diseñado modelos eficaces que pueden servir de referencia. Canadá y Australia, por ejemplo, utilizan sistemas de puntos que priorizan la formación, la experiencia laboral y las necesidades del mercado. Estos modelos han mejorado la inserción laboral de personas migrantes cualificadas, han reducido el desempleo en esta población y elevado sus ingresos, con efectos positivos para la economía. También Estados Unidos, durante la primera mitad del siglo XX, integró flujos migratorios masivos desde Europa como parte de su expansión industrial. Más recientemente, Alemania ha promovido la formación dual como vía para integrar a población migrante en sectores productivos clave.
Estas experiencias muestran que las políticas migratorias eficaces son aquellas que anticipan, planifican e incluyen. En contraste, modelos restrictivos han demostrado ser contraproducentes. Francia, con un enfoque más securitario en los últimos años, ha visto aumentar la exclusión social, la segregación y los discursos xenófobos. A nivel europeo, el enfoque centrado en el control fronterizo y la externalización de responsabilidades, como el sistema de Dublín, ha sobrecargado a países como España, Italia o Grecia sin garantizar una redistribución justa ni mecanismos de acogida eficaces.
En este marco, España necesita avanzar hacia un modelo migratorio planificado, justo y sostenible, basado en principios de inclusión, justicia social y corresponsabilidad. Se proponen cuatro líneas estratégicas: 1. Alinear la política migratoria con las necesidades del mercado laboral, previniendo tanto el déficit de mano de obra como la precarización de los migrantes. 2. Garantizar vías legales y seguras de entrada, reduciendo el poder de las redes de tráfico y promoviendo una migración ordenada. 3. Fortalecer programas de acogida e inclusión, con acceso a derechos, empleo digno, educación y vivienda. 4. Combatir la discriminación y los discursos de odio, a través de campañas de sensibilización y marcos normativos que promuevan una narrativa positiva sobre la contribución migrante.
Una política migratoria eficaz incide directamente en el crecimiento económico, la sostenibilidad del Estado de bienestar y la calidad democrática. No es un asunto marginal, sino un componente estructural del desarrollo nacional. Una migración bien gestionada representa una fuente de innovación, revitalización demográfica y enriquecimiento cultural.
Se hace imprescindible que España avance hacia una política de Estado concertada, con participación de los actores políticos e institucionales a todos los niveles. Paralelamente, es necesario impulsar una revisión crítica de los acuerdos migratorios en el seno de la Unión Europea, promoviendo un enfoque más solidario y corresponsable. Este esfuerzo es clave para prevenir fracturas sociales más complejas, como las que ya se observan en otros países del bloque.
Para cerrar, sugiero comprender las nuevas dinámicas migratorias a la luz de los cambios globales. La movilidad humana del siglo XXI responde a causas estructurales como desigualdad, conflicto, crisis climática o transformaciones demográficas que deben ser abordadas desde una perspectiva integral, humana y prospectiva. Apostar por una migración bien gestionada es apostar por una sociedad más cohesionada, justa y preparada para el futuro.
Dra. Elena Estaba Briceño
Agosto 2025