Educating in an uncertain world – are we preparing children and young people for the world they will have to live in?

PISA 2025 nos invita a preguntarnos qué significa hoy estar bien educado.

Pensamiento crítico, creatividad y capacidad de aprender serán esenciales ante un futuro incierto.

Pero también debemos preguntarnos si todos tendrán las mismas oportunidades para desarrollarlas.

En este Hablemos de…, reflexionamos sobre el desafío de educar para un mundo que aún no conocemos.

 

Educar siempre ha significado, en alguna medida, preparar para el futuro. Pero pocas generaciones han tenido que hacerlo ante un horizonte tan cambiante como el actual. Inteligencia artificial, transformación del empleo, desinformación, cambio climático, nuevas formas de comunicarnos, desigualdades persistentes y un conocimiento que se renueva a gran velocidad forman parte del mundo en el que crecerán los niños y jóvenes de hoy. Ante esta realidad, quizá la pregunta educativa más importante ya no sea solamente qué deben aprender, sino qué capacidades necesitan desarrollar para comprender, decidir y actuar en un mundo que no podemos predecir completamente. Los resultados de PISA 2025 (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, impulsado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos – OCDE) es una evaluación internacional que analiza periódicamente hasta qué punto los estudiantes de 15 años pueden aplicar sus conocimientos y habilidades ante problemas y situaciones de la vida real.

En su edición de 2025, realizada a más de 760.000 estudiantes en 91 países y economías, los resultados ofrecen algunas señales que merecen atención: El rendimiento medio en lectura y matemáticas en los países de la OCDE ha alcanzado sus niveles más bajos registrados. Uno de cada cinco estudiantes presenta bajo rendimiento simultáneamente en ciencias, matemáticas y lectura.

PISA 2025 plantea algo especialmente relevante: por primera vez incorporó la evaluación del “aprendizaje en el mundo digital” incluyendo la capacidad para resolver problemas mediante herramientas computacionales. Desenvolverse en entornos digitales no significa únicamente saber utilizar dispositivos o aplicaciones. Implica también aprender de manera autónoma, explorar, seleccionar y evaluar información, resolver problemas y regular el propio proceso de aprendizaje.

Esto adquiere una importancia particular en una época en la que una herramienta de inteligencia artificial puede producir en segundos un texto, una imagen, una explicación o una respuesta aparentemente convincente. Tener acceso a información ya no equivale a tener conocimiento. Por ello necesitamos niños y jóvenes capaces de preguntar, contrastar fuentes, distinguir evidencias de opiniones, identificar información falsa o manipulada, construir argumentos y revisar sus propias conclusiones. Necesitamos, en definitiva, pensamiento crítico y, al mismo tiempo, creatividad.

 

Las evaluaciones internacionales han mostrado que el pensamiento creativo no es simplemente una cualidad innata reservada a determinadas personas. Generar ideas, imaginar alternativas, buscar distintas soluciones ante un mismo problema y mejorar las ideas propias y ajenas son capacidades que pueden desarrollarse mediante la educación. En sociedades sometidas a cambios tecnológicos, ambientales, económicos y culturales cada vez más rápidos, enfrentarse a situaciones nuevas será tan importante como dominar conocimientos establecidos.

Requerimos además de comprensión lectora, razonamiento científico, competencias digitales, capacidad para resolver problemas, comunicación, colaboración y habilidades socioemocionales. Y, necesitamos una capacidad que será decisiva durante las próximas décadas: “aprender a aprender durante toda la vida”. La educación ya no puede concebirse como una etapa que termina cuando finalizan los estudios formales. Las transformaciones del conocimiento y del empleo exigirán actualizar competencias y continuar aprendiendo a lo largo de toda la trayectoria personal y profesional.

La expansión de la inteligencia artificial refuerza esta necesidad. UNESCO ha advertido que educar en la era de la IA no puede reducirse al dominio técnico de nuevas herramientas. La educación mantiene funciones profundamente humanas: desarrollar autonomía, reflexión, criterio, creatividad, responsabilidad y capacidad para relacionarnos con otras personas y comprender el mundo que compartimos. El desafío no consiste en competir con las máquinas, sino en preguntarnos ¿Qué capacidades humanas debemos fortalecer precisamente porque vivimos rodeados de tecnologías cada vez más poderosas?

Existe, además, una cuestión que no podemos dejar fuera de esta conversación: la equidad. Las oportunidades para desarrollar estas capacidades no están distribuidas de la misma manera. PISA continúa mostrando una relación significativa entre las condiciones socioeconómicas y los resultados educativos. Los recursos culturales y tecnológicos, las condiciones de las escuelas, el entorno familiar y las oportunidades disponibles en cada territorio siguen influyendo en las trayectorias educativas. Preparar para el futuro no puede significar ofrecer mejores oportunidades únicamente a quienes ya parten de posiciones favorables.

Una educación de calidad debe procurar que todos los niños y jóvenes, independientemente de su origen social o de sus circunstancias familiares, tengan oportunidades reales para desarrollar las capacidades que necesitarán. “Educar para un mundo incierto es también educar para reducir desigualdades”, porque quienes dispongan de mayores herramientas para comprender, aprender y adaptarse estarán en mejores condiciones para afrontar sus transformaciones.

Quizá debamos, entonces, ampliar nuestra idea de lo que significa estar bien educado. No se trata de elegir entre conocimientos y competencias. Los conocimientos continúan siendo fundamentales: difícilmente podemos pensar críticamente sobre aquello que desconocemos. Pero tampoco basta con acumular información. Educar hoy significa proporcionar conocimientos sólidos y, al mismo tiempo, enseñar a utilizarlos: comprender, relacionar, cuestionar, crear, resolver, decidir y actuar.

No conocemos exactamente el mundo que encontrarán los niños y jóvenes que hoy están en nuestras aulas. Pero sí podemos contribuir a que desarrollen las capacidades necesarias para enfrentarlo.

 

Preparar para la incertidumbre no significa enseñar a adivinar el futuro. Significa formar personas capaces de comprenderlo, adaptarse a él y contribuir a transformarlo.

 

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“Conocimiento para comprender. Capacidades para responder. Educación para transformar”