Global health. How to address the health challenges in an increasingly uncertain world?

Las enfermedades emergentes, la resistencia a los tratamientos y las desigualdades sanitarias nos plantean nuevos retos. La biología evolutiva ofrece herramientas para comprender nuestra vulnerabilidad, mejorar la prevención y transformar el conocimiento científico en oportunidades de salud para todos. Te invitamos a reflexionar sobre el futuro de la salud global y nuestra responsabilidad compartida.

 

La incertidumbre que caracteriza nuestro tiempo no se manifiesta únicamente en catástrofes naturales, transformaciones tecnológicas o crisis ambientales. También está presente en nuestra salud. La aparición de nuevas enfermedades, la resistencia a los tratamientos, las pandemias y las persistentes desigualdades sanitarias nos recuerdan que la salud humana depende de complejas relaciones biológicas, ambientales y sociales.

En este escenario, la Salud Global constituye un compromiso que debe mantenerse, evaluarse y renovarse constantemente. Sus principios fundamentales: solidaridad entre naciones, reconocimiento de los derechos universales, cooperación internacional y preocupación compartida por las muertes evitables exigen construir una salud global sostenible, honesta, multipolar y basada en consensos.

Pero nos preguntamos ¿cómo comprender mejor las enfermedades y anticiparnos a sus transformaciones?

Una respuesta se encuentra en la biología evolutiva y su vinculación con la medicina. La biología evolutiva estudia los cambios de los seres vivos a través del tiempo y sus relaciones de parentesco, utilizando herramientas como la genética molecular y la informática aplicada a la biología. La ecología evolutiva, por su parte, analiza las interacciones entre organismos y ambientes, incluyendo fenómenos como el parasitismo, la cooperación y el mutualismo.

De esta convergencia surge la medicina evolutiva, también denominada darwiniana, que aplica los principios de la evolución a la comprensión de la salud y la enfermedad. Su aporte consiste en explicar cómo nuestra historia evolutiva influye en la susceptibilidad a determinadas patologías, en los mecanismos de resistencia y en las respuestas a los tratamientos.

Muchas enfermedades pueden comprenderse considerando los desajustes entre los ambientes en los que evolucionamos y nuestras condiciones actuales de vida. Los cambios alimentarios, los estilos de vida y las transformaciones ambientales han generado nuevos desafíos sanitarios que requieren enfoques preventivos capaces de integrar conocimientos biológicos y sociales.

La pandemia de COVID-19 constituye un ejemplo significativo. La evolución del SARS-CoV-2 puso de manifiesto la importancia de comprender las transformaciones de los agentes infecciosos para mejorar la vigilancia epidemiológica, orientar las respuestas sanitarias y prepararnos ante futuras pandemias. También evidenció que las decisiones individuales, las percepciones del riesgo y la reticencia a la vacunación pueden influir en los resultados de salud pública.

La medicina evolutiva ofrece, en consecuencia, herramientas para impulsar innovaciones en investigación biomédica, atención clínica y políticas sanitarias. Permite, además, estudiar los mecanismos de vulnerabilidad y resistencia a las enfermedades, identificar modelos adecuados para la investigación, comprender la resistencia a determinados tratamientos y desarrollar estrategias frente a brotes infecciosos y enfermedades emergentes.

Sin embargo, comprender la enfermedad exige mirar más allá de sus mecanismos biológicos. Las diferencias en la salud de las poblaciones responden a múltiples factores interrelacionados. La variación genética, la historia evolutiva y el contexto socioecológico contribuyen a explicar por qué determinadas enfermedades afectan de manera diferente a individuos y comunidades.

La variación genética permite investigar la relación entre genotipo y fenotipo, mientras que la historia evolutiva ayuda a comprender cómo distintas poblaciones han desarrollado respuestas biológicas en determinados ambientes. Esto no significa que existan grupos humanos esencialmente diferentes, sino que las trayectorias evolutivas y las condiciones ambientales forman parte de la diversidad humana.

A estos factores se suman las condiciones sociales, económicas y ecológicas que determinan las oportunidades de prevenir enfermedades, acceder a diagnósticos oportunos y recibir tratamientos adecuados.

Esta perspectiva adquiere especial relevancia frente a las enfermedades desatendidas, que afectan principalmente a poblaciones en situaciones de vulnerabilidad y cuya prevención, investigación y atención no siempre reciben los recursos necesarios.

Identificar grupos de riesgo y comprender sus condiciones biológicas y socioambientales permite desarrollar intervenciones preventivas más oportunas, específicas y equitativas. La salud global no puede limitarse a responder cuando aparece una crisis: debe fortalecer las capacidades científicas, institucionales y comunitarias para anticiparse a ella.

En un mundo marcado por la incertidumbre, el conocimiento científico constituye una herramienta indispensable, pero necesita traducirse en decisiones públicas, cooperación internacional y acciones comprometidas con la equidad.

La biología evolutiva y la medicina evolutiva nos ofrecen nuevas posibilidades para comprender la vulnerabilidad humana, mejorar la prevención y orientar respuestas sanitarias fundamentadas en evidencias.

Porque prepararnos para un futuro incierto también significa reconocer que la salud es una responsabilidad compartida.

El verdadero desafío de la salud global no consiste solamente en comprender por qué enfermamos, sino en transformar ese conocimiento en oportunidades de salud para todas las personas.

 

Dra. Alicia Ponte-Sucre